Domingo, noviembre 19, 2017

Alianza del Pacífico otro falso positivo

Alianza del Pacífico otro falso positivo

Por: Enrique Daza*  

La XII cumbre de la Alianza del Pacifico (ADP) no arrojo sino promesas, ilusiones de un futuro mejor y frases rimbombantes que no pudieron ocultar sus debilidades y expectativas incumplidas.

Hace 5 años fue presentada como la panacea para la integración regional y como la posibilidad de un aumento sustancial de los flujos comerciales entre sus integrantes y con la región Asia-Pacífico

Sin embargo, según Portafolio en 2012 “las exportaciones hacia México, Perú y Chile eran US $ 4.553 millones y en 2016 fueron apenas 2.658 según cifras de la ANDI y el Centro Virtual de negocios”. Las importaciones fueron en 2012 US $8.347 y en 2016 US $ 4.814 millones y este comercio de bienes no mineros fue apenas de US $ 700 millones. Lo cual significa que durante estos cinco años el comercio en lugar de aumentar disminuyó. Diversos analistas han coincidido en que la capacidad de compra de la región ha disminuido por la caída en los precios de los comodities. Esto llevó a que defensores dela ADP como Javier Díaz de Analdex afirmara que en los 6 años el avance en comercio no es sustancial y el presidente peruano Kuczynski reconoció que la economía regional está estancada y sigue siendo el 7% del PIB hace varias décadas. Hasta El Tiempo señaló editorialmente “Ojalá las menores barreras lleven a un aumento significativo de bienes y servicios lo cual no ha sucedido todavía” (29 de junio).

Por otra parte, en 2012 el 4% del comercio de los cuatro países se daba entre ellos y en 2016 este paso a solamente el 2,9% o sea que la ADP no ha llevado a que el comercio de los países entre si sea un parte mayor del comercio global de los mismos sino a disminuirlo. Las exportaciones colombianas a Perú y Chile disminuyeron y a México aumentaron apenas US $ 100 millones con lo cual no se contrarrestó en forma importante el déficit comercial que Colombia tiene con el país azteca.

La gran noticia fue que se comenzará a estudiar la vinculación de Nueva Zelanda, Canadá, Australia y Singapur como Estados asociados, lo cual necesariamente debe ir acompañado, por las definiciones fundacionales de la ADP de la suscripción de tratados de libre comercio. El senador Jorge Robledo señaló que esto sería “un duro golpe contra los productores de carne y leche, profundizará la pésima política minera y allana el camino para que el mercado colombiano del azúcar y la palma sea tomado por potencias agrícolas como Tailandia, Indonesia y Malasia”. Resulta por lo demás paradójico que lo que fue presentado como un gran acuerdo de integración regional, arroje este resultado que en lugar de fortalecer los lazos con países hermanos y vecinos, pone nuevamente el futuro del país en manos de los eventuales inversionistas extranjeros. El anuncio de que Colombia tendrá el acceso a millones de nuevos consumidores de sus productos resulta risible, pues la firma de anteriores tratados de libre comercio ya daba acceso a centenares de millones de consumidores para los cuales Colombia no tiene nada que ofrecer, por carecer de oferta competitiva y con valor agregado

Los resultados anunciados como que los certificados fitosanitarios se hagan virtualmente y no en papel y que se estudie lo mismo para los certificados de origen, la creación de un fondo para infraestructura, la unificación de impuestos a los fondos de pensiones (que en Colombia no pagan impuestos) y otros asuntos menores similares apenas son un una forma de disimular el fracaso del tratado, aun dentro de los objetivos que se plantearon inicialmente. El anuncio de la supresión de “roaming” entre los 4 países es algo que empezará a negociarse, depende no de los gobiernos sino de los operadores y ya el presidente de Telefónica anuncio que su precio sería lograr una menor regulación de este tipo de servicios.

El presidente Santos planteó, en el colmo del cinismo, que de Colombia los demás países debían aprender sobre la estructuración de proyectos, cuando el país ha convertido esta estructuración en un ejemplo de sobrecostos, corrupción, tráfico de influencias e improvisación, como lo muestran los casos de las vías 4 G, Reficar, Bioenergy entre otros, su preocupación fue que se establecieran reglas “amigables con los inversionistas y empresarios y que se les den mayores estímulos tributarios

En realidad, los mandatarios no tuvieron presentes los cambios que se están produciendo en el entorno mundial y apenas Peña Nieto hizo una referencia a las controversias que hay sobre “globalización, apertura comercial y procesos de integración”. El hecho es que la ADP, que tiene como requisito indispensable tener previamente tratado de libre comercio con Estados Unidos, buscaba armonizar reglas de origen y otros asuntos para acceder en mayor medida al mercado de ese país y configurar una especie de ALCA parcial y pensaban también usar el Tratado Transpacífico, TPP para ello. El retiro de Estados Unidos del TPP los dejó sin brújula y el piso de las negociaciones que era el TLC con Estados Unidos, quedó en suspenso con el anuncio de una renegociación entre México y EEUU que llevará a que automáticamente se renegocien, o se impongan las modificaciones que Estados Unidos haga en el TLC con México.

Un resultado gris, en un acuerdo que busca afanosamente pegársele a unos enfoques de libre comercio en decadencia, lleno de frases retoricas y de acuerdos menores e insignificantes. Colombia debe rectificar el rumbo, replantear los tratados de libre comercio, fortalecer su mercado interno y le verdadera integración regional, promover la oferta de productos con valor agregado y abandonar de una vez por todas su dependencia de unas materias primas básicas que dependen de las oscilaciones de los precios internacionales

*Director de Deslinde y Co-director del Centro de Estudios Latinoamericanos – CELU

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