lunes, junio 25, 2018

Boletín #15 (La VIII Cumbre de las Américas: la ausencia de Trump y el papel secundario de América Latina)

Boletín #15 (La VIII Cumbre de las Américas: la ausencia de Trump y el papel secundario de América Latina)

Este viernes 13 de abril inicia la VIII Cumbre de las Américas en Lima, Perú.  Sin embargo, tres días antes del encuentro el presidente Donald Trump anunció su inasistencia argumentando que permanecería en Estados Unidos para supervisar lo acontecido con Siria, designando en su representación al Vicepresidente, Mike Pence. Nunca antes un presidente de los Estados Unidos había cancelado su participación, aún más cuando ese espacio fue concebido precisamente con el propósito de implementar las iniciativas estadounidenses para la región, como fue el caso del área de Libre Comercio de las Américas – ALCA.

La ausencia de Donald Trump es muestra del papel subalterno que mantiene América Latina en su agenda, frente a la cual lo único que es persistente es la presión constante para que la región se alinee a su política comercial, de inversión de lucha contra los cultivos ilícitos y de seguridad.

La política exterior de Trump, de enfrentamiento con China y Rusia, ha tratado de desplazar a China de la región y obligar a los países a elegir a Estados Unidos en el marco de su afanosa tarea por recuperar el liderazgo económico y comercial. Ha situado a América Latina en un lugar irrelevante, trabajando en la línea exclusiva de alinear a todos los países sobre la base de la red de Estados que comparten sus “intereses y valores comunes”. Colombia, que, a pesar de ser un país históricamente subordinado a los Estados Unidos, hoy enfrenta unas fuertes exigencias por parte de Trump bajo el pretexto de que ese país no otorgará su visto bueno para que Colombia ingrese a la OCDE, en tanto no aplique modificaciones en políticas nacionales, como la chatarrización de camiones y propiedad intelectual para beneficio de las corporaciones norteamericanas.

Erráticamente, la administración Trump no comprende que en las actuales condiciones los países latinoamericanos no solo han variado su estructura económica, sino que entablan nuevas relaciones con otros actores en materia comercial y de inversiones, hecho que modifica su percepción con respecto del tipo de relacionamiento que persiguen con los Estados Unidos.  Así, América Latina se ha ampliado sus socios comerciales y ha buscado otros mercados. Así ha sucedido con China con quien el intercambio comercial en los últimos 15 años ha crecido 22 veces, lo que se refleja en que el gigante asiático se convierta en el principal socio comercial de países como Chile, para quien representa el 28,5% del total de sus exportaciones y 24% de sus importaciones.  Situaciones similares se presentan con otros países.

Chile y Bolivia se convirtieron en miembros del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), con lo que asciende a cinco (tras Brasil, Perú y Venezuela) el número de miembros potenciales latinoamericanos de esta institución multilateral para la construcción de infraestructura de transportes y telecomunicaciones. En ese escenario, Trump había planteado para la Cumbre de las Américas en Lima la promoción de unas relaciones comerciales más estrechas, donde Estados Unidos sea “socio preferente” pero su ausencia le quita peso a la reunión que desde hace años ha mostrado su inutilidad.

Aunque para Trump la política exterior con América Latina no sea prioridad lo cierto es que su gobierno seguirá propendiendo por un relacionamiento funcional a sus intereses, especialmente en un año electoral en Estados Unidos, cuando se volverá a enfrentar para las elecciones del Senado en noviembre de este año. De allí que su administración apuesta a temas que coincidan con ese propósito, como la lucha contra el narcotráfico y un tratamiento duro a la inmigración, que justamente en la pasada Cumbre de las Américas celebrada en Colombia bajo el gobierno de Barack Obama parecía replantearse, pero que terminó en otro fracaso.

Por todo lo anterior, más allá de los diferentes temas que se traten tras bambalinas durante la cumbre (Venezuela, Cuba, TLCAN), la inasistencia de Trump obedece a la necesidad de atender las dificultades en la política doméstica de los Estados Unidos.  Todo ello bajo el cálculo electoral de fortalecer al partido Republicano para las próximas elecciones al Congreso y desplegar una agenda sobre seguridad interna como estrategia reeleccionista, aún más cuando según la medición de la firma encuestadora Gallup, el margen de aprobación en su primer año fue de 38% a nivel general y por Estados apenas llegando al 50% en 12 estados especialmente estados pequeños y rurales, mientras en 18 estados más obtuvo un margen favorable por debajo del 40%.

Finalmente, se debe destacar que la temática central planteada para esta cumbre “Gobernabilidad democrática contra la corrupción” coincide con un año electoral en América Latina marcado por casos emblemáticos de corrupción que no distinguen ideología u orientación política. América Latina en particular tiene por cada tipo de corrupción (soborno, peculado, colusión, enriquecimiento ilícito, obstrucción de la justicia, cohecho, conflicto de intereses, entre otros) un ejemplo práctico; Panamá Papers, Lava Jato, los carteles del narcotráfico, el contrabando, la evasión de impuestos por parte de empresas multinacionales, y por supuesto Odebrecht, el caso de la mayor red de sobornos extranjeros que salpicó a presidentes y expresidentes en la región.

Existe un modelo económico diseñado para permitir esto con clases dirigentes que se benefician considerablemente. La corrupción en la región se ha exacerbado en cuanto más se debilita al Estado, o cuánto más se lo convierte en un intermediario de los negocios privados, fundamentalmente extranjeros.  La crisis económica, el libre comercio, el modelo basado en la inversión extranjera directa y la reprimarización de las economías de la región son el caldo de cultivo para este fenómeno.  Pero ¿quiénes controlan al Estado en la mayoría de los casos? Pues quienes tienen la representación política, es decir los gobiernos que evaden su responsabilidad y que, en esta coyuntura, a pesar ser un tema central en la agenda de la VIII Cumbre de las Américas los esfuerzos seguirán siendo insuficientes en tanto no exista un verdadero compromiso por exigir al sector privado, a las empresas multinacionales, a las instituciones y a los responsables políticos un comportamiento que no torpedee el desarrollo de los países latinoamericanos.

Para concluir, más allá de las definiciones que salgan de dicha cumbre y sus ciertas dificultades para alcanzar consensos, el escenario actual apunta a que, ante las dificultades internas de Estados Unidos, Trump se mantenga en una línea de no desestabilización en América Latina, todo con la finalidad de priorizar los temas que sirvan para su estrategia electoral, en medio de una realidad regional que ha cambiado y emprende nuevas dinámicas y alianzas comerciales donde Estados Unidos podría ser desplazado de su papel predominante.

 

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