miércoles, junio 26, 2019

De Unasur a Prosur: réquiem a la integración.

De Unasur a Prosur: réquiem a la integración.

Por: Enrique Daza

Esta semana se protocolizó la muerte de Unasur, de los 12 países que la integraron desde su comienzo formal en 2008 y su puesta en vigencia en 2011, solo quedan 4 Uruguay, Bolivia, Surinam y Venezuela

Unasur se propuso integrar a la Comunidad Andina y el Mercosur y dotarse de una agenda más allá del comercio y las inversiones, incluyendo la defensa regional, la política energética, las comunicaciones, salud, migraciones, narcotráfico y desastres naturales.

El golpe de muerte fue acompañado de la petición de Lenin Moreno de devolver el edificio en Quito que había sido su sede permanente y de la visita de Jair Bolsonaro, presidente del Brasil, a Washington, donde se plegó completamente a las definiciones ideológicas y geopolíticas de Donald Trump. Habiendo desaparecido su existencia física y su principal animador que siempre fue Brasil, la organización dejó de existir para todo efecto práctico.

Comenzó la creación de una nueva organización, Prosur, como mecanismo de coordinación informal y laxo, el pretexto fue la condena al régimen de Maduro, pero no hay que olvidar que Chávez y posteriormente Maduro concentraron todos sus esfuerzos integracionistas en la hoy decaída Alianza Bolivariana, ALBA (2004)

El protagonista en la creación y sostenimiento de Unasur fue Brasil, no solamente Lula da Silva sino tiene antecedentes en Fernando Enrique Cardozo, no sospechoso de ser de izquierda y tal creación correspondía al deseo brasileño de ampliar su esfera de influencia y lograr una autonomía con respecto a Washington. La participación del nuevo presidente de Brasil en la nueva organización refleja el abandono de esa aspiración y de toda pretensión de independencia y su voluntad de convertirse en el gendarme de Estados Unidos en la región.

El proceso de Unasur fue lento, como es natural en un esfuerzo que desde el comienzo fue pluralista ya que en su seno estaban gobiernos de muy diferentes orientaciones ideológicas y Prosur va estar centrada en el comercio y las inversiones con una agenda manejada por Washington y las multinacionales.

Los críticos de Unasur le atribuyen falencias que igualmente podrían ser aplicadas a la OEA, la Celac, la ONU o cualquier foro multilateral: La falta de eficacia para abordar determinados conflictos regionales o de los países miembros, pero hacen caso omiso de los avances en buscar una agenda común autónoma y su participación en momentos claves de la región como el terremoto de a Haiti, la condena del golpe militar en Honduras, los conflictos entre Colombia y Venezuela, entre otros y también desestiman los diferentes temas que abordó la organización y los esfuerzos que hizo por promover la participación de la sociedad civil en el proceso.

Más que la contradicción entre izquierda y derecha en materia de integración, la dualidad es entre integración autónoma y supeditación a los designios geopolíticos y económicos de Washington. No es factible que el enfoque de Prosur, centrado en el liberalismo económico y la agenda estadounidense, pueda abordar eficazmente los problemas específicamente regionales sino más bien abandonarlos y supeditarse a una propuestas de liberalización que ya ha perdido dinamismo a nivel mundial.

Unasur declaró a Suramérica zona de paz, llamó a no acudir a la fuerza para solucionar las controversias, a no aceptar tropas extraregionales en la región y este enfoque contrasta con el de Trump que en el caso de Venezuela dice que “todas las opciones están sobre la mesa” y que acudirá a la fuerza para asegurar la hegemonía estadounidense.

Unasur contaba con consejos temáticos de trabajo que abarcaban áreas como energía, defensa, salud, infraestructura y planeamiento, educación, cultura, ciencia, tecnología e innovación, problema mundial de las drogas y desarrollo social. También tenía dos grupos de trabajo en temas de integración financiera y materia de inversiones.

Prosur no es pluralista, es una victoria de las fuerzas más retardatarias del continente y un triunfo de Trump edificado sobre la base de una agenda racista, xenofóbica y de fundamentalismo de mercado en beneficio de Estados Unidos. El anhelo de integración latinoamericana está siendo sustituido por tratados de libre comercio como la Alianza del Pacífico y los tratados bilaterales con Estados Unidos.

La idea de un acuerdo de defensa, de un banco del sur, de una moneda única, de una armonización de políticas sociales y productivas está siendo abandonada. Latinoamérica será más indefensa ante el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Esta evolución corresponde a los recientes cambios de gobierno que han colocado a empresarios, tecnócratas neoliberales y populistas de derecha en el gobierno de varios países. Los pueblos del continente deben tomar atenta nota de esta situación y entender que solamente la instauración de gobiernos nacionalistas y democráticos podrá retomar el rumbo de la integración latinoamericana.

Centro de Estudios Latinoamericanos, CELU

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