lunes, abril 22, 2019

Latinoamérica: Pobreza y desigualdad en aumento

Latinoamérica: Pobreza y desigualdad en aumento

200 millones de latinoamericanos están en riesgo de caer en la pobreza y el 1% de la población de la región es cada vez más rica. Estas son dos conclusiones vinculadas que se extraen del informe ‘Privilegios que niegan derechos’ de la organización humanitaria internacional Oxfam, presentado el 30 de septiembre de este año.

Según Oxfam, “más de la cuarta parte de la población latinoamericana (165 millones) era pobres en 2013, con 69 millones en la indigencia, a pesar de que la pobreza de la región se redujo del 44 al 28 por ciento entre 2002 y 2012”[1]. Esta población salió de la pobreza al adquirir ingresos entre 4 y 10 dólares diarios pero, de acuerdo con Rosa Cañete, economista y coordinadora del reporte, el riesgo persiste ya que “no se han desarrollado las políticas necesarias para tener servicios públicos, de educación y de salud de calidad, que podrían proteger a estas personas de los choques externos de la economía”[2].

En lo que tiene que ver con la desigualdad, “en América Latina, el 1 % más rico de la población posee el 41 % de la riqueza. Y de mantenerse esta tendencia, en tan solo ocho años, el 1 % acaparará más riqueza que el 99 % de la población restante”, sostuvo Ricardo Funtes-Nieva, director ejecutivo de Oxfam México[3].

“Los multimillonarios latinoamericanos incrementaron su riqueza en un 21 % de manera anual durante la última década, mientras que el Producto Interior Bruto (PIB) de Latinoamérica creció en un promedio del 6 % durante el mismo período”, explicó por su parte Rosa Cañete. De esta manera, Latinoamérica sigue siendo la región con mayor desigualdad del mundo[4].

A estos datos se suman los proporcionados por el Banco Mundial en su informe de perspectivas sobre la región, en el que se advierte que la creciente presión que sufren los mercados laborales en Latinoamérica –en los cuales ya se observa un aumento de las tasas de desempleo– puede provocar que los avances ‘duramente ganados’ en la última década lleguen a disiparse[5].

“La vuelta al autoempleo como un factor con peso creciente en la composición del empleo total puede reflejar la sustitución de empleo bien retribuido por empleos con ingresos en niveles de subsistencia”, indica el informe[6].

¿Cómo responder a la desigualdad creciente?

Para el escritor y columnista Moisés Naím, la región pasó de un periodo de ‘prodigio’ a uno de peligro: “Los Gobiernos utilizaron la bonanza económica producida por un ambiente financiero externo favorable y el aumento de los precios de las exportaciones de materias primas y productos agrícolas para aumentar el gasto social y hacerlo más eficiente. Según cálculos del BID, entre 2005 y 2012 el gasto público en políticas sociales aumentó a un ritmo que duplicaba la tasa de crecimiento económico de la región. El gasto social pasó del ser del 5% del tamaño de la economía al 19%, un récord histórico”[7].

No obstante, en la actualidad el decrecimiento en los precios de las materias primas ha dejado en vilo la situación de grandes clases medias que esperan mantener las condiciones alcanzadas durante los años de ‘prodigio’[8].

Como lo recordó Funes-Nieva, dentro de los recién aprobados Objetivos de Desarrollo Sostenible está incluida la promesa de erradicar la pobreza extrema y luchar contra la desigualdad, y es imposible darle cumplimiento a este propósito “sin políticas que ataquen la desigualdad extrema y que permitan a los más pobres beneficiarse más del crecimiento económico, priorizando la inversión en la salud pública y la educación, garantizando salarios dignos y revisando las políticas fiscales”[9].

Las propuestas de Oxfam para hacer frente a las preocupantes condiciones de pobreza y desigualdad son claras: romper con los modelos de concentración de riqueza, rentas y tierras, ofreciendo datos y midiendo la desigualdad en todas las evaluaciones de impacto de las políticas públicas; anteponer los intereses de la mayoría a los privilegios de unas élites; apostar por un modelo económico y social que supere la dependencia extractivista, diversificando la matriz productiva, y frenar el avance de la privatización en la provisión de servicios públicos.

Adicionalmente, es relevante adaptar la política fiscal, pues esta se encuentra “absolutamente desaprovechada en Latinoamérica como instrumento para reducir la desigualdad, ya que en muchos casos la agravan y agudizan”, como en República Dominicana, donde “el Estado deja de recaudar 700 millones de dólares al año por las exenciones tributarias”[10], situación que se reproduce en diferentes países de la región como Colombia. El aspecto de las exenciones tributarias, sumado a los flujos que se pierden producto de la falta de control de los dineros que se dirigen a paraísos fiscales, resultan ser recursos claves para poder financiar el desarrollo en los países de la región, como lo señalo Enrique Daza en el conversatorio: ‘Financiación para el Desarrollo, ¿beneficio general o negocio privado?’[11], organizado por el CELU.

Informe de Allison Silva Estanislao

Centro de Estudios Latinoamericanos – CELU

[1] HispanTV, ‘Oxfam: 200 millones de latinoamericanos pueden caer en pobreza’: http://goo.gl/qeUgOy

[2] Portafolio, ‘El 1 % de latinoamericanos es cada vez más rico’: http://goo.gl/RUKlmB

[3] Ibíd. HispanTV

[4] Ibíd. Portafolio

[5] Alicia González, ‘La reducción de la desigualdad en la región corre el riesgo de evaporarse’: http://goo.gl/siyY7W

[6] Ibíd.

[7] Moisés Naím, ‘América Latina: del prodigio al peligro’: http://goo.gl/3l0tpl

[8] Ibíd.

[9] Ibíd. HispanTV

[10] Ibíd. Portafolio

[11] Centro de estudios Latinoamericanos – CELU. Conclusiones conversatorio: Financiación del Desarrollo. https://celu.co/conversatorio-financiacion-del-desarrollo/

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