sábado, octubre 20, 2018

¿Quién ganó en el pulso entre Corea del Norte y Estados Unidos?

¿Quién ganó en el pulso entre Corea del Norte y Estados Unidos?

Enrique Daza. Codirector CELU

Aunque los medios occidentales influidos por Estados Unidos, han divulgado la idea de que los problemas de la península de Corea radican en la acción belicista de un dictador que amenaza al mundo con su poderío nuclear, la realidad es mucho más compleja. El resultado, hasta el momento, de la agudización de las contradicciones en la región, detrás del aparente triunfo estadounidense con la suspensión de las pruebas nucleares por parte de Corea del Norte, deja un saldo negativo para Estados Unidos, pues implica un reconocimiento de Corea del Norte por parte de la comunidad internacional, un acercamiento de las dos coreas, una tendencia a la desmilitarización multilateral de la península, una normalización de la relación de Corea del Norte y Japón, un aflojamiento de las relaciones entre Corea del Sur y Estados Unidos y, un reconocimiento implícito de la importancia creciente de China y Rusia en la diplomacia mundial.

A pesar de que Corea del Norte (25 millones de habitantes) por razones geopolíticas y afinidades ideológicas ha sostenido una cercana relación con China, esta relación no ha estado exenta de contradicciones pues Beijing ha criticado el despliegue nuclear norcoreano y apoyado las 8 rondas que el Consejo de Seguridad de la ONU ha realizado contra las pruebas nucleares de ese país y en 2017 prohibió la importación desde Corea de carbón, hierro, plomo y pescado en aplicación de la resolución 2371 de dicho Consejo. Sin embargo, esto no altero sustancialmente la relación económica en la cual más del 80% del comercio exterior de Corea del Norte se realiza con China.

Para China la relación con Corea del Norte es de gran importancia geopolítica pues los 1.000 kilómetros de frontera y la estrecha relación histórica y cultural la convierten en una zona estratégica desde la cual se puede prevenir la hostilidad militar estadounidense.

Estados Unidos durante décadas ha apoyado militar y económicamente a los gobiernos de Corea del Sur (50 millones de habitantes) y mantiene actualmente cerca de 30.000 efectivos, 450 lanzamisiles, drones, submarinos de ataque, escuadrones de aviones de combate y hasta un sistema de defensa antimisiles.

En momentos de tensión y en particular desde la llegada de Trump al gobierno, el gobierno estadounidense desplazó hacia la zona un portaaviones escoltado por tres barcos lanzamisiles. Este tipo de portaaviones transporta en general entre 70 y 80 aviones o helicópteros, de los cuales alrededor de cincuenta son aviones de combate. Trump hizo referencia también a la presencia de submarinos de ataque de propulsión nuclear, que transportan misiles Tomahawk.

Estados Unidos desplegó durante 2017 en Corea del Sur su sistema THAAD, concebido para interceptar misiles balísticos y tiene en la región buques equipados con el sistema de defensa antimisiles Aegis para interceptar misiles balísticos de corto o medio alcance. O sea, Estados Unidos ha mantenido una presencia militar en la zona.

Por su parte desde 2006 Corea del Norte realizó numerosos ensayos nucleares que la han dotado de un pequeño, pero no despreciable arsenal con 10 ojivas nucleares, muchas menos que Israel, Pakistán o la India y una cantidad ínfima comparada con las de las grandes potencias, pero que no deja de suscitar nerviosismo en la región, dado que ese país posee uno de los ejércitos más grandes del mundo y un importante dispositivo militar convencional.

A su llegada a la Casa Blanca Trump adoptó un fuerte tono contra los ensayos nucleares de Corea del Norte  e incluso amenazo con arrasarla completamente, contrastando con sus declaraciones durante la campaña electoral en las cuales había afirmado que estaba dispuesto a reunirse con el mandatario de ese país, criticó la presencia militar estadounidense en Corea del Sur y a su vez fue calificado, paradójicamente, por medios norcoreanos de ser un político “inteligente y profético” contrastándolo con Hillary Clinton que pretendía repetir con Corea el método iraní de una fuerte presión y un cerco diplomático y económico.

La posesión de Trump en el gobierno, en enero de 2017, fue casi simultánea con la de Moon Jae-in de Corea del Sur, quien triunfó con una política de diálogo con Corea del Norte, hasta el punto que fue criticado por el mandatario estadounidense de tener una política de apaciguamiento, al tiempo que señalaba el tratado de libre comercio con Corea del Sur como el peor que había firmado Estados Unidos, habiendo indicado que estudiaba retirar a su país del acuerdo y señaló que Seúl no pagaba lo suficiente por la protección norteamericana. El resultado fue una renegociación rápida en la cual Corea del Sur se comprometía a disminuir su superávit comercial con la potencia

Moon está a favor de discutir la ley de seguridad nacional de Corea, la cual ha sido señalada, por los coreanos liberales, como una herramienta para establecer en Corea del Sur la represión de la izquierda en la política coreana. También ha prometido abolir el Servicio de Inteligencia Nacional para mantener su neutralidad política, transfiriendo los asuntos domésticos a la fuerza policial.

Moon, por su parte, se manifestó a favor de la reunificación pacífica de las dos Coreas. Ha sido ampliamente tanto criticado como alabado por sus comentarios al respecto, declarando que su primera visita, sería a Corea del Norte. Ha declarado que se considera “amigo de Estados Unidos” por su ayuda a Corea del Sur para evitar el comunismo, y mejorar el crecimiento económico. ​ Moon se opone a un reajuste en la alianza de seguridad con los Estados Unidos, pero al mismo tiempo declaró que le gustaría que Corea del Sur “fuera capaz de tomar la iniciativa en los asuntos de la Península coreana.”

Las relaciones entre Corea del Sur y China entraron en una fase de tensión y hostilidad en 2017, tras el despliegue del escudo antimisiles estadounidense THAAD en suelo surcoreano que irritó al Gobierno chino. En represalia, China, principal socio comercial de Corea del Sur, activó un boicot contra intereses surcoreanos, que entre otras cosas ha golpeado a múltiples empresas, algunas de las cuales incluso tuvieron que dejar de operar en este país. El 31 de octubre del 2017, ambos Gobiernos decidieron normalizar sus relaciones y poner fin a la hostilidad, según anunciaron entonces en un comunicado difundido desde Seúl. Xi Jinping destacó el 14 de diciembre de ese año, en la reunión en el Gran Palacio del Pueblo en Pekín, que la relación bilateral es “de gran importancia” para su país y se mostró optimista porque ambas naciones “comparten la visión de cooperación” con el objetivo de “proteger la paz regional y fomentar el desarrollo conjunto”. Esta fue la primera visita de Moon a China desde que llegó al cargo en mayo, aunque ambos presidentes ya habían mantenido encuentros durante la última cumbre del G20 (julio) y la reunión de líderes de Asia-Pacífico (APEC, en noviembre).

En mayo de 2018 antes de la cumbre entre EEUU y Corea del Norte, los líderes de Japón, China y Corea del Sur se reunieron en Tokio en su primera cumbre trilateral en 2 años y medio y el líder de Corea del Sur y el de Corea del Norte visitaron a China, el primero realizó la primera visita al extranjero después de su elección y el segundo su primera de tres desde 2011

Como resultado de la reunión se fortaleció el papel de Beijing el cual potencia a los sectores de Corea del Sur y del Norte que buscan la desmilitarización de la península y la suspensión de operaciones militares, mejoró el estatus de Corea del norte y su reconocimiento internacional. La interpretación de Trump del acuerdo en el sentido de que Corea del Norte se había comprometido a una desnuclearización inmediata y total, contrasta con la de la mayoría de los medios que consideran que la frases “trabajar por la desnuclearización de la península” es mucho más gaseosa e implica la suspensión de maniobras militares en la Península donde estén presentes las fuerzas estadounidenses e incluso la petición de que Washington retire a los 28.500 soldados que mantiene instalados en el territorio de Corea del Sur, algo que Trump apoyó durante su campaña electoral.

En este sentido, Estados Unidos y Corea del Sur anunciaron de forma oficial la suspensión de los amplios ejercicios militares combinados que solían realizar sus dos ejércitos en agosto, cumpliendo así la promesa que realizó el presidente Donald Trump al mandatario norcoreano Kim Jong Un en Singapur.

La decisión de Trump no fue comunicada con antelación a sus aliados surcoreanos, que admitieron públicamente su sorpresa ante la determinación adoptada en Singapur, que se amolda a una de las exigencias más repetidas por Pyongyang desde hace años.

El jefe de estado norteamericano llegó a utilizar la misma terminología que usa Corea del Norte al decir que esos ejercicios militares eran “provocadores” y además “eran muy caros”.

No es claro que Trump haya triunfado y sus amenazas y rabietas parecen más una forma de ocultar una derrota real o por lo menos un alto en la agudización de tensión en la zona a la cual seguirán inevitablemente en un futuro cercano nuevos incidentes.

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