viernes, febrero 28, 2020

VII Cumbre de las Américas: Encuentros y Desencuentros

VII Cumbre de las Américas: Encuentros y Desencuentros

Esta semana en Panamá se desarrolla la VII Cumbre de las Américas con la presencia de 26 jefes de Estado y Gobierno de los 35 países que componen la Organización de Estados Americanos (OEA). Estas cumbres comenzaron en 1994 bajo la dirección de Estados Unidos y tenían como fin promover el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que finalmente fracaso como proyecto, en 2005. Desde ese momento este foro de encuentro ha carecido de peso y de significación para el continente. Reflejo de lo anterior fue la cumbre del 2012 en Cartagena, que no arrojó una declaración final. Varios jefes de Estado se retiraron antes de que terminara y hubo manifestaciones fuertes contra Estados Unidos por su posición frente a la participación de Cuba.

La Cumbre de Panamá ha estado precedida de varios hechos que son importantes en las relaciones de América Latina y Estados Unidos El restablecimiento de las relaciones entre Washington y la Habana, el decreto de Obama que sanciona a funcionarios del gobierno de Venezuela, el débil papel de la OEA, la militarización en el Perú, la disputa de las Malvinas entre Argentina e Inglaterra y los procesos de desestabilización política en Argentina y Brasil, marcarán una interesante agenda que se desarrollará en la Cumbre.

Las Cumbres de las Américas resultan ser un escenario importante para evaluar la política exterior de Estados Unidos hacia la región. Panamá es el escenario donde por primera vez, después de 54 años, los presidentes de Estados Unidos y Cuba se sentarán en el mismo recinto, producto del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, y seguramente anunciarán la apertura de la embajada de Washington en la Isla. El bloqueo significaba un obstáculo para restaurar las relaciones de Estados Unidos con varios países de la región, que en los últimos años tomaron distancia de las directrices que venían de la Casa Blanca, menguando de esta forma la capacidad de influencia que antes ejercía a cabalidad.

La nueva forma con la que Washington afronta las relaciones con Cuba no significa un cambio en sus intenciones de acrecentar su influencia en la Isla y cambiar al gobierno cubano. La posición frente a Cuba tampoco puede interpretarse como una nueva lectura de Estados Unidos hacia el continente, pues no ha dejado de considerarlo su “patio trasero”, así lo evidencia luego del anuncio de sanciones unilaterales contra Venezuela y de catalogar a esta nación como un problema de “seguridad nacional”, pronunciamiento que generó un rechazo generalizado en el continente, especialmente de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (CELAC), quienes han insistido en fortalecer el dialogo y retirar tales sanciones. El encuentro entre Maduro y Obama marcará el rumbo hacia donde se dirigirán las relaciones entre ambas naciones.

Estados Unidos ha visto como se ha erosionado su influencia económica en América Latina. Luego de la derrota del ALCA y de la crisis del 2008, China, su principal contendor económico, se convirtió en el segundo socio comercial de la región, quitándole mercados y aumentado su inversión; Obama no pasa por alto el anunció del presidente  Chino Xi Jingping, en el foro CELAC-China, de aumentar en 10 años el flujo comercial entre América Latina y China a $500.000 millones de dólares y una inversión de $250.000 millones en el mismo tiempo. Estados Unidos le apuesta, ahora, a un ALCA más pequeño impulsando el proceso de la Alianza del Pacifico, que hace parte del Acuerdo Transpacífico que lidera. Es probable que en  la Cumbre de Panamá se fomente la participación en este organismo, que lideran sus aliados Colombia, Perú, México y Chile. Se espera que Costa Rica y Panamá lo integren próximamente.

Las Cumbres de las Américas se realizan bajo el auspicio de la OEA, una organización casi inexistente, cuyo peso político ha disminuido conforme la influencia de Estados Unidos ha decaído en el continente, eliminando así cualquier foro de diálogo político entre Washington y América Latina. La tendencia de los nuevos gobiernos de la región ha sido propiciar una política exterior  más autónoma y regional, generando escenarios independientes de integración sin la presencia estadounidense; tal es el caso de UNASUR y CELAC, que han sido los escenarios a los que los países latinoamericanos acuden para solventar sus diferencias y coordinar políticas de cooperación, seguridad y comercio. Sin embargo, hay una serie de gobiernos como los de Alianza Pacífico que quieren regresar al esquema de predominancia de la OEA, donde el eje de las relaciones continentales sea Estados Unidos, y por ende, fortalecer el modelo de libre comercio que representan los Tratados de Libre Comercio (TLC). Esta posición es la principal razón de que al interior de la CELAC no se haya avanzado en materia institucional, pues cualquier avance se tiene que dar por consenso. Esta Cumbre tratará de revivir la desfallecida OEA. La salida del insulso José Miguel Insulza de la Secretaria General y la llegada del ex canciller uruguayo Luis Almagro apuntan hacia este objetivo. La confrontación con Venezuela y el restablecimiento de las relaciones con Cuba, pueden llevar a alimentar el discurso de la necesidad de generar espacios de interlocución política donde esté Estados Unidos, con el fin de viabilizar el dialogo entre la región y Washington, agitando la necesidad de revivir a la OEA.

Son claras las pretensiones de Estados Unidos con América Latina, sin embargo la agenda entre ambos bloques sigue siendo conflictiva: la necesidad de revaluar la fracasada guerra contra las drogas, la militarización del continente, la política migratoria, la disputa por las Malvinas, la independencia de Puerto Rico, entre otras. Latinoamérica y el Caribe tendrán continuar sus procesos de desarrollo autónomo, diversificando su producción y fortaleciendo el bienestar social de sus ciudadanos. Deberían propiciarse espacios de diálogo bilateral Estado Unidos, Canadá – CELAC para poder generar mejores condiciones de negociación y presión, respetando el camino de desarrollo de cada país. La Cumbre de Panamá al igual que su predecesora, dejará ausencia de acuerdos importantes, pero puede visibilizar el debate de cuál debe ser la apuesta de América Latina en su proceso de integración y en qué calidad se darán sus relaciones con Estados Unidos.

 

Andrés Sebastián Aristizábal Vásquez

Centro de Estudios Latinoamericanos – CELU –

 

 

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